El uso de las redes sociales en política: campaña electoral en EE.UU.

Cada vez se observa un mayor poder de las redes sociales en política. Y es que, lejos de lo que a veces se podría pensar, hoy en día no solo los jóvenes acuden a Facebook o Twitter para informarse de que está sucediendo en el mundo político.

Aunque la mayoría de nosotros vivimos muy lejos de los EE.UU., se nota que cada día, nos guste o no, las elecciones presidenciales de los EE.UU. de 2016 absorben más y más espacio en nuestros feeds de Facebook y Twitter. Este es un buen ejemplo del cambio sufrido por muchos campos tradicionales adoptando métodos modernos (y necesarios) para llegar a su público.

Las redes sociales en política: qué poder tienen

Según un informe de Borrell Associates, los gastos en los medios digitales durante estas elecciones estadounidense será de mil millones de dólares. Por eso, los candidatos están haciendo lo que pueden para asegurarse que exprimen al completo el poder de sus redes sociales.

Más del 60 % de nosotros seguimos las noticias del mundo y la actualidad a través de plataformas como Facebook y Twitter. En 2013, el 52 % de los usuarios de Twitter y el 47 % de los usuarios de Facebook usaban las páginas para buscar las noticias.

Las redes sociales y las elecciones presidenciales estadounidenses

En estas elecciones, varios candidatos han anunciado su participación a través de las redes sociales en lugar de formas más tradicionales como una rueda de prensa. El republicano Jeb Bush, por ejemplo, usó Snapchat en su estrategia de campaña para anunciar su candidatura e hizo vídeos en YouTube para promocionar la recaudación de fondos para su campaña.

En Facebook, los candidatos pueden personalizar su target y dirigir sus anuncios a las personas que, por perfil, ellos consideran dentro de sus posibles votantes. Pueden dirigirse a personas que tienen un interés en un tema específico, por ejemplo educación, atención sanitaria o el control de armas de fuego.

Los candidatos están empezando a usar Snapchat para crear contenidos divertidos y campañas para dirigirse a los jóvenes mayores de 18 años. Esta red les permite hacer anuncios de vídeo de un máximo de 10 segundos. Pero la estrategia de Snapchat es un poco distinta, porque no permite hacer ‘click through’ desde una imagen o vídeo a la página web del candidato.

En agosto, el equipo de Hillary Clinton subió una foto de ella en el instituto para desear a los niños una buena vuelta al cole. Este tipo de marketing ayuda al público a simpatizar con la candidata.

Making being a nerd look cool since 1965. Happy first day of school to those headed back today!

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Pero, claramente, hay algunos candidatos y sus respectivos equipos que todavía les queda un largo recorrido por delante para acostumbrarse a usar redes sociales en su campaña electoral. Un ejemplo es el Twitter de Donald Trump, que a simple vista puede parecer inmaduro con tantos signos de exclamación y comentarios. Aunque esta técnica atrae a más seguidores, no ayuda mucho a enseñar sus valores o mensajes más profundos para estas elecciones. Además, estos mensajes han atraído a jóvenes menores de 18 años y personas fuera de los EE.UU., es decir, a los que no pueden votar (39 % de sus seguidores en Twitter).

Por qué una estrategia de campaña es fundamental
Como en cada campaña en redes sociales, el objetivo normalmente no es solo ganar las máximas vistas posibles. Si tu negocio ofrece un servicio o vende un producto, la campaña tiene que ayudar con ello, y por eso es muy importante crear una estrategia y revisarla durante y después de la campaña.

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Los ‘influencers’ ya no influyen

Los resultados de las elecciones en Estados Unidos han supuesto un ‘shock en la opinión pública internacional. Teresa Sádaba y Patricia sanmiguel hacen un análisis sobre el verdadero iminfluencer-iconpacto de los influencers (gente influyente, líderes de opinión, artistas, cantantes) sobre los votantes y del por qué ni los medios de comunicación trad
icionales ni los influencers oficiales han sido determinantes en esta campaña: ciegos ante la realidad, y faltos de capacidad de prescripción. Los influencers ya no influyen. O al menos, no tienen el poder que se les había otorgado. La auténtica influencia parece que está más cerca de lo que pensábamos: el grupo de WhatsApp.

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